viernes, 4 de enero de 2008

desde "La Campa" de LLaranes, años 80









Cuando Natalia Menéndez utiliza las palabras recrea laberintos de metáforas por los que me gusta transitar, a veces en un tiempo que, sin saberlo, compartimos.




El paisaje impreciso de mi infancia
construye monstruos de acero colmados de tiempo.
Regresa el perfil de gasómetros
de dos tonalidades ya desgastadas,
que eran colosales titanes derribados por un ilustre guerrero.
Entre cortinas de raso se despide el aguacero.
Se abre la ventana de la memoria, esa a la que apenas llego de puntillas,
Un ojo centinela que observa el patio del colegio,
por entonces amparo de los infantes
y que ahora con nostalgia traza
el débil recuerdo de caprichos de dulces, juegos de niños
y flores silvestres ya deshojadas.
El humo acostumbrado de la fábrica
escribe los nombres de aquellos que crecimos allí,
estrépito de risas inocentes que anidan en el recuerdo
como aves cuyos latidos regresan año tras año
con su vuelo rasante que anuncia lluvias.
La casa donde crecí ya no huele a aceite caliente y a sales de baño.
Lo que queda de esa niña es más incierto
que atrapar a una sombra.

(Natalia Menéndez, de Las virtudes cardinales)

2 comentarios:

Natalia Menendez dijo...

¡Gracias!!!! Llaranes nos dará pra mucho más, seguro

Esperanza dijo...

Natalia, me he dado cuenta al releer tu poema de que en un par de versos la palabra final se ha cortado y aparece en el renglón siguiente, lo siento, no sé cómo solucionar eso.

Un beso