lunes, 12 de enero de 2009

EPÍLOGO, de Ángel González

EPÍLOGO

Me arrepiento de tanta inútil queja,
de tanta
tentación improcedente.
Son las reglas del juego inapelables
y justifican toda, cualquier pérdida.
Ahora
sólo lo inesperado o lo imposible
podría hacerme llorar:

una resurrección, ninguna muerte,

Ángel González

3 comentarios:

marisa dijo...

Angel González, siempre necesario, siempre presente, siempre vivo en nuestra memoria poética.Un hombre excepcional. Un bello poema...
Un abrazo Esperanza.

Esperanza dijo...

Totalmente de acuerdo contigo, Marisa.
Un abrazo

Jorge Iván Argiz dijo...

Genial, como siempre. ¡Que poemazo!