
(Sorolla)
IV.
Tus holas me huelen a mandarina y fresa,
me saben a canela.
Ondulan,
serpentean
rozándome la frente, los ojos, la barbilla
y bajando curiosos,
-revoltosos-
besando el muslo apenas,
las caderas.
Tus holas, como olas verdaderas,
buscan ambas orillas,
regatean
a mi piel
indigente de caricias
el tacto generoso que otras olas
le ofrecen a la arena.
Tus holas me asoman al abismo,
me atan a la vida,
me empujan
a los acantilados
reventando entre espuma y entre risas.
Tus holas son gaviotas mensajeras,
algas que danzan
suaves,
prometiendo
que siempre habrá algún hola de tus labios
que borre los adioses
que me esperan.
EM, Armadura de azúcar


