miércoles, 23 de febrero de 2011

José Gares Crespo ha tenido la gentileza de hacer una reflexión sobre mi poesía y luego publicarla en la revista Cinosargo.

Reproduzco aquí el artículo:





LA POESIA DE ESPERANZA MEDINA. [por J.Garés Crespo.]

Encontrar la palabra justa, la adecuada para que en el texto poético proyecte el significado deseado, modificándose en el interior de un sintagma, sin apenas adjetivos que introduzcan quizá nuevo matiz, pero también probablemente confusión, pérdida de nitidez, es el trabajo que Esperanza Medina realiza y nos propone en sus poemarios. En boca de la poeta, las palabras, “las limpio con mimo, las coloco y las recoloco de maneras diferentes, las deslizo en los poemas y espero, reteniendo el aliento, que a algunos de vosotros os hagan cosquillas de nuevo, como si estuviesen recién estrenadas”.

Mucho se ha hablado del parecido comportamiento de la publicidad y la poesía en cuanto a la manera de comunicar. Tanto en una como en la otra si el receptor sólo encontrara en ella lo que espera, lo que conoce previamente, o sea, la redundancia por habitual, no recibiría propiamente información, ya que ésta se da sólo en función de lo inesperado, de lo imprevisible, de la sorpresa. A esta conclusión llegó Yuri M. Lotman, añadiendo: "Buena poesía es la que contiene una información poética, o sea: aquella cuyos elementos son a la vez esperados e inesperados. Sin lo esperado, es decir, sin el puente que el código tiende entre el emisor y el receptor, el texto no podría cumplir su función comunicativa. Pero sin lo inesperado, el texto sería completamente trivial y su información sería nula”.

E. Medina, para sorprendernos, para llegarnos, utiliza un tratamiento del texto poético que sorprende, justamente por lo que rompe. Extrañamente, no rompe con el discurso del habla natural, no nos sorprende con un lenguaje poético de significados o símbolos excesivamente fuera del habla habitual, sino al contrario, con una gran sensibilidad, recoge detalles, aspectos aparentemente mínimos del mundo y lejos de la imaginería en el que se mueven la mayoría de poetas anteriores a su generación, y aun muchos de la suya. Desde esa cotidianeidad de la palabra y del significado, nos presenta la estética de lo pequeño, de lo mínimo, del detalle. Probablemente es el mayor logro de su discurso poético. Y como todo lo aparentemente sencillo, es trabajoso, difícil de conseguir, muy elaborado, evitando caer en el universo de la prosa, y Esperanza Medina lo consigue.

Decía Wittgenstein, en una carta a un amigo: “mi obra se compone de dos partes: de la que aquí aparece, y de todo aquello que no he escrito”. Otro tanto decía Althusser en su estudio sobre los Grundisse de Marx, respecto a lo que un texto dice y oculta. También en la mayor parte de las obras poéticas se insinúan, en muchas ocasiones, ideas y reflexiones que apenas asoman en el texto poético. Este es el juego intelectual que Esperanza Medina nos propone y que, una vez hecho el esfuerzo, tiene el premio de entrar en un rico y muy personal mundo, el de una poeta en plena madurez de creación.



J.Garés Crespo.


El artículo completo puede verse aquí


Gracias a José Garés Crespo y a Cinosargo por su atención.

2 comentarios:

Carrachina dijo...

pues yo tengo que decir que si un poeta consigue todo eso en pocas palabras eso es pura magia.
Mi enhorabuena querida Esperanza, es maravilloso ver que la gente llega a tu poesía de esa manera y se adentre en el el mundo de los sentidos y la sensibilidad, la emoción y a veces incluso la sinrazón.
un beso y un abrazo enorme

Esperanza dijo...

Gracias, Carrachina.
José Garés es una de esas personas a las que, sin conocernos, me ha unido la poesía. Esa es la auténtica magia. Y yo le agradezco su visión generosa.
Un abrazo

Esperanza