lunes, 31 de agosto de 2020
jueves, 7 de febrero de 2019
Que nos quiten lo leído

Volviendo a alguno de los artículos con los que hace años colaboraba en La Nueva España, he recuperado este texto, sobre las emociones que producen los libros, muy a cuento hoy que participaré en una mesa redonda sobre Literatura Infantil y Juvenil en Asturias en los últimos 30 años. Para cerrar la exposición QUE NOS QUITEN LO LEÍDO organizada por Paco Abril y Ana López Chicano.
Sigo pensando, como digo al final, que está en un error quien crea que los libros solo son para los ojos.
Cuentos troquelados
martes, 28 de agosto de 2018
miércoles, 26 de abril de 2017
Entonces
Este texto se publicó en junio de 2013 en la Nueva España como artículo, pero en realidad había sido concebido como poema, ahora recupera su forma.
nos gustaba rodar sobre la hierba,
observar los insectos,
los renacuajos antes de que
se hiciesen ranas.
Mirar a las mujeres que tendían la ropa,
despertar la pereza de las horas completas,
las que pasan sin miedo a
que nada se acabe.
Esperar que tu madre
gritase «la merienda»
y volver a la calle del pan con chocolate.
Las tardes infinitas,
Las tardes infinitas,
los lugares perfectos,
donde habitaban juntos los
grillos y el asfalto.
Se podía pasar de la ciudad al campo sin salir de mi calle.
Se podía pasar de la ciudad al campo sin salir de mi calle.
Se podían vivir las vidas de los libros,
o inventar otras nuevas.
Los amigos valían más que cualquier juguete,
la aventura esperaba siempre en las escaleras,
que bajabas deprisa sin usar pasamanos ni barandilla alguna.
Quién necesita apoyo cuando se siente inmune a todo lo que duele.
La galbana jugaba con la risa y al corro,
La galbana jugaba con la risa y al corro,
a la queda, al cascayo,
a la goma y a todo.
La galbana agotaba la luz de cada día,
La galbana agotaba la luz de cada día,
y encendía farolas y bombillas y lámparas,
y nos llevaba a casa a cenar y a la cama.
Un lapsus solamente, la mañana volvía.
Y volvía otra vez cargada de pereza,
de carreras y olores.
Y había primavera,
y verano.
Así sería siempre, estábamos seguros.
Entonces no sabíamos que hay cosas que terminan,
Entonces no sabíamos que hay cosas que terminan,
personas que abandonan,
miedos que no nos dejan vivir esa pereza con gozo y sin recortes.
Entonces el presente pesaba como el oro, se medía en quilates,
ni el antes ni el después
tenían importancia.
Ahora el pasado duele,
Ahora el pasado duele,
por su propia inconsciencia,
y por esta certeza de haberlo ya perdido.
Condiciona el futuro todo lo cotidiano
porque asusta saberse
inseguro y finito.
Ahora necesito coger la barandilla,
Ahora necesito coger la barandilla,
mirar los escalones y no
pisar en falso.
Sentirme cuidadosa, forzar
el optimismo.
Y necesito, al menos cada una o dos semanas,
como una medicina que
sosiega el cerebro,
volver a la pereza inútil
de la infancia,
desconectar el ritmo
circular de mis pasos
y escribir estas cosas,
que no sirven de nada.
E. MEDINA
jueves, 20 de abril de 2017
Noche de poesía en La Felguera
Desde el Centro de Creación Escénica Carlos Álvarez Novoa de La Felguera me han invitado a participar en una de sus Noches de poesía.
La lectura de los poemas correrá a cargo del grupo de teatro Kumen.
El acto estará presentado poe el escritor Javier Cellino y contará también con mi participación.
Estoy encantada y muy agradecida de que hayan contado con mi participación en esta hermosa experiencia.
Será el próximo 21 de abril a las 20:00 ( toda la información está en el cartel adjunto)
jueves, 1 de diciembre de 2016
Ya iba siendo hora de volver
La poeta camina por la calle,
las bolsas, el paraguas,
y los pies empapados dentro de los zapatos.
Ella no hace las guerras,
ni se inventa las crisis,
ni reparte paciencia en la cola del paro.
Ni siquiera ella puede
ser voz de los que sufren.
Solo para un momento
y escribe algunos versos aunque la lluvia arrecie.
Que inútil ser poeta
- decía en Orihuela
la amiga de la madre
de aquel joven cabrero-.
E.Medina, publicado en Aunque tú no estás, homenaje a Miguel Hernández, Aviles, Octubre, 2010
las bolsas, el paraguas,
y los pies empapados dentro de los zapatos.
Ella no hace las guerras,
ni se inventa las crisis,
ni reparte paciencia en la cola del paro.
Ni siquiera ella puede
ser voz de los que sufren.
Solo para un momento
y escribe algunos versos aunque la lluvia arrecie.
Que inútil ser poeta
- decía en Orihuela
la amiga de la madre
de aquel joven cabrero-.
E.Medina, publicado en Aunque tú no estás, homenaje a Miguel Hernández, Aviles, Octubre, 2010
jueves, 12 de junio de 2014
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